lunes, 28 de mayo de 2007

Llamando a las cosas por su nombre


De las elecciones autonómicas y municipales del pasado fin de semana se pueden sacar muchas conclusiones. De todas maneras no voy a entrar en el error de valorar quién ha ganao, quién ha perdio, etc; para eso ya están los políticos, contertulios y contertulias de turno; que seguro que lo hacen mejor que yo.

No, esta entrada no va en ese sentido, con esta entrada pretendo hacer algo que hace tiempo que quiero hacer, y es simplemente "Llamar las cosas por su nombre".

Mirad, nunca me ha gustado que me pongan etiquetas, y menos en política, al fin y al cabo cada uno tiene sus ideas e intenta votar al partido político que en su programa se acerque más a éstas. Pero hoy voy a intentar definirme políticamente. Se puede decir que yo soy de esa izquierda soñadora, idealista, humanista, que cree en un mundo mejor, ciudadana del mundo y un largo etcétera. Los que algunos llamarían izquierda radical.

Ese es el problema, de alguna manera, al definirme como izquierda radical, se me mete en el saco de muchos colectivos con los cuales quiero marcar la diferencia, quiero llamarles por su nombre.

A esas personas que se apunta a cualquier mani que convoca la plataforma social de turno, que se le olvida que el ir a votar no es solo un derecho, sino también un deber, que es super alternativa comiéndote la cabeza con ideas políticas pero que son incapaces de tomar un compromiso tanto político/social como laboral. A esas personas yo los llamo parásitos sociales. Por favor, no confundirme con ellos.

A esa izquierda radical vasca, que en plenos comicios se manifiestan en colegios electorales, que boicotean actos electorales de uno u otro signo, y que intentan imponer sus ideas con la amenaza. A esa izquierda radical vasca que piensa que el resto del mundo que no piensa como ellos no tienen derecho a votar ni a hacer política, a eso yo lo llamo fascismo. Tampoco confundirme con ellos, please.

N. del A.: No estoy deacuerdo con se ilegalicen partidos políticos, pero vuestra actitud es caciquista y fascista; no sois las víctimas del sistema, asi es que dejar de llorar. Tampoco me vengais con que si Marx dijo que la revolución proletaria empezaba con la independencia de los pueblos, el ideal nacionalista es retrógado y anticuado. Yo estoy con aquellos que tenían la esperanza que la unión proletaria en la Internacional pudiera evitar la primera guerra mundial, estoy con aquellos soñadores que esperaban que el proletariado no se pusiera debajo de una bandera para luchar por unos intereses que no eran los suyos contra otros proletarios de otros países.

A los que viven de la estorsión, la amenaza y el chantaje. A los que contratan mercenarios a sueldo para realizar esta labor. A esto, queridos extraños, no se le llama revolución, se le llama mafia. Y desde mis ideas de izquierda radical puedo decir con total conocimiento de causa que ETA es una mafia fascista. Por supuesto, tampoco confundirme con ellos.

Asi es que, enfadado, decepcionado y triste os dejo.

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